El beneficio de la duda


Mis padres conservan esta foto en una pared de la que fue mi habitación durante 15 años. En la sala de su casa tienen fotos similares de mi hermano y mi hermana. Pero mis hermanos están sonriendo en sus respectivas fotografías.


Mis padres me cuentan que aquella tarde fue imposible hacerme sonreír. Intentaron todo; lo usual: juguetes, sonidos, gestos, imitaciones. Lo raro fue que tampoco me desesperé ni rompí a llorar. Sólo mantenía esa cara. Y me cuentan que esta foto, la que con pudor ocultan de las visitas, fue la mejor toma posible.


Yo tengo una teoría. Y quien tenga una foto similar de su temprana niñez puede compartirla. En aquellos momentos yo estaba mirando al mundo por primera vez. Pero de verdad. Me estaba dando cuenta. El mundo y yo nos estábamos reconociendo, como dos animales de diferentes especies que de repente se encuentran en un mismo espacio. Y eso asusta. Pero agraciadamente, aún con cierto recelo, el mundo y yo nos otorgamos el beneficio de la duda.


Los dos, el mundo y yo, seguimos esperando, supongo.

1 comentarios:

Miraste al mundo desde temprana edad. Habemos quienes nos negamos a verlo.

18 de enero de 2009 12:55  

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