La verdadera pesadilla (1)
Quisiera que observes con atención esta fotografía. Pertenece a cierta agencia informativa y acompaña una nota sobre sobre la contingencia internacional de salud que se inició en la ciudad de México.Hay dos detalles que, asociados, me dicen mucho sobre lo que estamos viviendo estos días. Primero la vestimenta de la mujer. En su hombro alcanzo a apreciar un logotipo relacionado con el Gobierno Mexicano. Los demás componentes de su atuendo (un gafete, lo que parece ser una bata blanca) me hacen pensar que se trata de una persona que trabaja para el Ministerio de Salud. Supongamos que se trata de una enfermera.
Entonces el segundo detalle lo vuelve todo sumamente interesante. Sí, me refiero a lo que está sosteniendo: Una guía astrológica.
¿Ya sabes por dónde voy?
¿Qué tan descabellado es pensar que los muertos que tiene México como resultado de este nuevo virus, son más atribuibles a la ignorancia que a la letalidad de la nueva enfermedad? Porque los síntomas de la nueva infección son totalmente curables hasta el momento si se atienden a tiempo. Estados Unidos no reportó muertos aún y el fenómeno comenzó ahí casi al mismo tiempo; Canadá no reporta muertos, España no reporta muertos.
Nuevamente, la verdadera pesadilla es una mezcla explosiva de una amenaza impredecible con la pobreza. Pero no estoy usando la palabra pobreza como una condición de fatalidad (fieles acólitos de la iglesia de Galeano, absténganse). Somos pobres en la medida en la cual permanecemos ignorantes, en la medida en la cual nuestra educación continúa siendo deprimente y deficiente.
Olvidemos a la persona "real" que aparece en la imagen y quedémosnos con el símbolo. Nuestra enfermera tendrá, quizá, una preparación académica. Pero sigue creyendo en la influencia de los planetas; sigue pensando que algunas veces la gente se muere porque así lo quiere dios, o que una avemaría es más efectivo que una aspirina. Y no sólo ella. Probablemente también su jefe directo; probablemente también el director del hospital, altos funcionarios de gobierno; presidentes de naciones. Y por supuesto, ni qué decir de los pacientes.
Cierto, nadie en estos días va con un médico ante las primeras señales de un catarro. También es cierto que los síntomas derivados de esta nueva infección se complican con mucha mayor rapidez que los del resfriado común. Pero también es verdad que en este país, nuestras creencias relacionadas con la salud y la enfermedad se encuentran distorsionadas de una manera perversa por el filtro de la superstición. Nos encanta automedicarnos. Nos encanta curarnos con tecitos y remedios caseros. Nos fascina creer que el brujo, el santero, el maestro de yoga o el distribuidor de peyote en turno nos van a curar de un sinnúmero de calamidades, físicas y "espirituales". Nos encanta esperar a que estemos casi agonizando para llegar a tocar las puertas de un hospital.
Eso sí, aquella enfermera intentará en la medida de sus posibilidades y recursos hacer su mejor trabajo. Pero la otra cara de este mal cuadro es precisamente los recursos con los que cuenta esta enfermera. Para nadie es un secreto que, a pesar de los avances, la condiciones de los centros de salud públicos en México continúan siendo deprimentes. Y entonces aparece algo como esto, y sencillamente no se puede. No debería ser nada sorprendente que, hasta este momento, ocho de la tarde del lunes 27 de abril de 2009, hayan fallecido alrededor de
Lo anterior es la perogrullada del día. Pero lo increíble del asunto es cómo, a partir de esta obviedad (la letalidad de la pobreza), los medios hayan creado el tango más melodramático y absurdo del que tenga memoria.
Etiquetas: Zoociales



Pável dijo...
La foto es del Grupo Prisa, y fue vista aquí:
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Ascienden/149/muertes/sospechosas/gripe/Mexico/elpepusoc/20090427elpepusoc_1/Tes
27 de abril de 2009 08:35 PM