domingo 3 de mayo de 2009

La verdadera pesadilla (2)


Espero que algún científico social esté tomando nota de los recientes acontecimientos. Sobre todo, porque el análisis de los eventos nos pueden ayudar a responder: ¿Cómo caemos en un torbellino global de irracionalidad en tan poco tiempo?

El fin de semana pasado, las versiones electrónicas de los principales diarios del mundo amanecieron tapizados por la misma nota: Un nuevo virus de influenza había causado "decenas" de muertos y "miles" de infectados en México, y la alerta sanitaria mundial era inminente. Antes de una semana, comportamientos exagerados aparecían por doquier: Gran Bretaña compraba ¡30 millones! de mascarillas; Egipto ordenaba sacrificar a todos los cerdos del país; Argentina, Perú, Ecuador, Cuba, suspendían los vuelos provenientes de México; ciudadanos del Distrito Federal eran agredidos a pedradas cuando viajan a otras partes de la República.

En un plano más personal, me encontraba respondiendo a decenas de correos y llamadas que se solidarizaban con "la tragedia" (?). Únicamente dos personas me preguntan si la situación era "tan grave como dicen las noticias". Pues no, grave nunca fue. Seria sí, pero seria no es lo mismo que grave. Dependiendo del asunto de salud pública con el que se compare, llamar "grave" al brote de la nueva influenza parece poco menos que ridículo.

Algunos de los elementos que formaron parte de este cóctel de histeria están identificados: Un terrible sistema de "teléfono descompuesto" internacional; una oportunidad para los medios de explotar una nota de gran impacto; unas lamentables habilidades de comprensión de lectura y pensamiento crítico; un penoso nivel de educación en ciencia básica; una terrible crisis de confianza en las autoridades y los medios. Todo esto aderezado en el contexto de una crisis económica mundial.

  • El teléfono descompuesto. ¿Debió el gobierno mexicano cerrar las escuelas al día siguiente de la identificación del virus? Sí, pareció una medida adecuada y prudente. ¿Debió compartir con el mundo sus cifras alegres de muertos e infectados, sin estar seguro de esos números? Conociendo nuestros sistemas de acopio de información y la infraestructura de nuestro sistema de salud pública, supongo que el gobierno mexicano no hizo demasiado énfasis en que sus cifras no eran definitivas, ni mucho menos confiables. Sin embargo, con pasmo absoluto, veíamos cómo los medios internacionales daban como un hecho la "letalidad" del virus, basados en esas cifras. De ahí a la distorsión de boca en boca llegamos al punto de tener hospitales donde se iban acumulando cientos de cadáveres.
  • Un titular impactante. Me pregunto qué hubiese pasado si, en vez de ser la nota principal, la primera noticia sobre el brote hubiese estado en una columna lateral, con letra más pequeña. Y que nunca hubiese pasado de ahí. Si desde el primer momento hubiesen utilizado el adverbio presuntamente antes de las palabras muertos e infectados. Recuerdo particularmente cuando los titulares clamaban: "Asciende a 103 el número de muertos por gripe porcina en México"; y con letras más pequeñas abajo: "Sólo 22 casos han sido confirmados". ¿Tan necesitados estarán los diarios de subir sus ventas?
  • Comprensión de lectura y pensamiento crítico. ¿Quién le dijo a la gente que "cerrar las escuelas" significaba que los niños estaban en peligro mortal? ¿Que subir los niveles de alerta de la Organización Mundial de la Salud significaba que la situación estaba "empeorando"? ¿Por qué se preguntaba con insistencia la causa de los muertos en México sin detenerse a reflexionar sobre los factores culturales y estructurales de un país en vías de desarrollo? ¿Cómo podrían creer que la Ciudad de México estaba "aislada y desolada" a causa del cierre de escuelas y restaurantes? Al menos no en mi colonia. La gente estaba encabronada, sí. Éramos una ciudad de gente encabronada, aburrida y con mascarillas.
  • Nuestro nivel en ciencias. ¿Quién concluyó que "un nuevo virus de influenza" significaba una muerte rápida y segura para la mayor parte de la población del planeta? ¿Que no contar con una vacuna era una verdadera tragedia? ¿Que cerrando aeropuertos podíamos evitar la propagación del virus? ¿Que comiendo carne de cerdo podíamos pescar una gripe(!)? ¿Que las mascarillas eran necesarias porque el virus "estaba en el aire"(!)?
  • La desconfianza. Casi al mismo tiempo que se extendía la histeria se echaron a andar ¡cómo no! las teorías conspiratorias. Que todo era un invento del gobierno. Que era una estrategia de los villanos del mundo (banqueros y farmacéuticos, esos cerdos capitalistas) para olvidarnos de la crisis financiera y tenernos blanditos y sumisos. Que intentaron asesinar a Obama en su reciente visita a México (le hubiesen dado de comer esos tacos de canasta que venden afuera del Chopo, o cualquier consomé del metro Hidalgo). Que el virus fue inventado en un laboratorio (gringo, claro que sí) para ser usado como arma biológica.
Por último, no quiero dejar de lado el contexto en el cual se desarrolló todo este embrollo: Una crisis financiera. Sobre todo, porque las edificantes expresiones de agresión pueden entenderse mejor desde esa perspectiva. Algunos biólogos sociales sugieren que los seres humanos tenemos una predisposición genética a la agresión cuando percibimos que nuestra supervivencia y la transmisión de nuestros genes está en riesgo. Hay suficiente evidencia sobre la "psicología de los tiempos difíciles" como para pensar que, en caso de una verdadera emergencia sanitaria mundial, nos estaríamos sacando los ojos los unos a los otros. Algún provecho tendríamos que sacar de esta penosa experiencia.

Después de todo, creo que siempre deberíamos tener esas mascarillas a la mano, para cubrirnos el rostro en caso de protagonizar otros episodios de vergüenza mayúscula.

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