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James Bond, el agente número 7. Me despierto con esta frase en la cabeza.
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Misa el jueves a las 4. ¿Con Déborah?
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Cuatro, ocho, treinta y dos, sesenta y cuatro. Estoy viajando con un grupo de señoras rurales desde un pueblo a otro en Oaxaca. Vamos en una camioneta. Apenas llegamos a nuestro destino, las mujeres buscan otra camioneta que les lleve de regreso al sitio original. Emily aparece por la calle y me dice que ha encontrado una habitación para los dos por una noche a un precio razonable.
Siguiente escena: Un convivio con amigos en el enorme patio de una casa yucateca: Mesas y sillas de metal plegables; vasos de plástico. Tengo la impresión de haber llegado tarde pues la disposición de los objetos sugiere que mucha gente estuvo y se fue. Sólo quedan el Valde, Amílcar y yo. Poco después hace su entrada Liz con algo en las manos; un pastel o tarta . Todos estamos de muy buen humor. De pronto aparece frente a mí la visión de una pantalla naranja, dividida en cuatro cuadrantes rectangulares. Alguien menciona las cifras 4, 8, 32 y 64, las cuales se van posicionando en cada uno de los cuadrantes.
Siguiente escena: Un convivio con amigos en el enorme patio de una casa yucateca: Mesas y sillas de metal plegables; vasos de plástico. Tengo la impresión de haber llegado tarde pues la disposición de los objetos sugiere que mucha gente estuvo y se fue. Sólo quedan el Valde, Amílcar y yo. Poco después hace su entrada Liz con algo en las manos; un pastel o tarta . Todos estamos de muy buen humor. De pronto aparece frente a mí la visión de una pantalla naranja, dividida en cuatro cuadrantes rectangulares. Alguien menciona las cifras 4, 8, 32 y 64, las cuales se van posicionando en cada uno de los cuadrantes.
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Un grupo de ideas que emerge con fuerza de vez en cuando en psicología es la llamada Teoría de la Catástrofe. La Teoría de la Catástrofe es un modelo matemático mediante el cual se describe la creación de discontinuidades, bifurcaciones o exhabruptos en una serie de eventos. Aplicado al comportamiento humano, la Teoría describiría cuando una pequeñísima alteración en las circunstancias produce un cambio repentino y usualmente enorme en una conducta o serie de conductas.
Un par de ejemplos:
Como se puede apreciar, 'catástrofe' no tiene exactamente el sentido coloquial del término, pues el cambio brusco producido no implica necesariamente un resultado funesto o desagradable.
Hasta ahora, la Teoría de la Catástrofe ha tenido más éxito prediciendo la estabilidad de los barcos en los océanos que una serie de comportamientos. Pero quién sabe.
Un par de ejemplos:
- Raquel, 27, ginecóloga. A punto de casarse con Enrique, 33, abogado. Un día antes de la boda, Raquel descubre por error la colección de vestidos de Enrique. Cincuenta rojos y tres amarillos. Raquel cancela la boda y se va de viaje por el mundo.
- Fabián, 17, estudiante de bachillerato. Apasionado por la arquitectura. De excursión con un grupo de amigos en los Alpes suizos, se queda rezagado. Nadie se percata cuando cae y se lesiona el tobillo. Gracias a este accidente presencia el nacimiento de una salamandra atra aurorae. Olvida la arquitectura y dedica su vida a la biología.
Como se puede apreciar, 'catástrofe' no tiene exactamente el sentido coloquial del término, pues el cambio brusco producido no implica necesariamente un resultado funesto o desagradable.
Hasta ahora, la Teoría de la Catástrofe ha tenido más éxito prediciendo la estabilidad de los barcos en los océanos que una serie de comportamientos. Pero quién sabe.
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Recorro a pie las calles de una ciudad en Perú. Es de día y hay abundante sol. Estoy buscando un autobús para ir a Venezuela. Alguien me dice que puedo pagar en pesos mexicanos. Finalmente, le pido a un taxista que me lleve hasta Caracas.
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Hay tanta gente en éxodo de la ciudad que no me queda más opción que volar para llegar al aeropuerto. Voy demasiado elegante, como en el cuadro de Magritte, bombín incluido. Llevo además un largo paraguas negro del que viene colgada una mujer joven desconocida. Al llegar a las inmediaciones del aeropuerto, desciendo. Hay una exhuberante vegetación, como si fuese una selva tropical. La entrada al aeropuerto está saturada por filas de gente. Intento meterme a través de un agujero que está en un patio adyacente, pero me doy cuenta que está lleno de hormigas y desisto.

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Estoy con Juana y su novio en lo que parece una cafetería universitaria. Hablamos sobre el esnobismo que significa hablar en inglés de manera innecesaria. El novio de Juana dice que no lo encuentra tan esnob. Yo insisto que sí, cuando se hace con frecuencia e innecesariamente. Me es revelado entonces que el novio estudia -o va a estudiar- en alguna universidad anglófona (¿Berkeley?).
A pesar de lo anterior, no existe tensión alguna entre nosotros. Todo lo contrario; los tres andamos riendo frenéticamente, como si estuviéramos ebrios, drogados o bajo el influjo de la leche y de Beethoven. Al final me doy cuenta que tengo los pantalones abajo y la camisa abierta. Juana pregunta divertida porqué la marca de mi ropa interior -unos boxers blancos- es "Frank".

A pesar de lo anterior, no existe tensión alguna entre nosotros. Todo lo contrario; los tres andamos riendo frenéticamente, como si estuviéramos ebrios, drogados o bajo el influjo de la leche y de Beethoven. Al final me doy cuenta que tengo los pantalones abajo y la camisa abierta. Juana pregunta divertida porqué la marca de mi ropa interior -unos boxers blancos- es "Frank".

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Cada individuo debería tener acceso, en dosis moderadas, a sus propios delirios y fantasmas. Debería ser capaz de activar un coloquio íntimo; no una mera contemplación, sino una discusión acalorada con sus voces internas.
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Espero que algún científico social esté tomando nota de los recientes acontecimientos. Sobre todo, porque el análisis de los eventos nos pueden ayudar a responder: ¿Cómo caemos en un torbellino global de irracionalidad en tan poco tiempo?
El fin de semana pasado, las versiones electrónicas de los principales diarios del mundo amanecieron tapizados por la misma nota: Un nuevo virus de influenza había causado "decenas" de muertos y "miles" de infectados en México, y la alerta sanitaria mundial era inminente. Antes de una semana, comportamientos exagerados aparecían por doquier: Gran Bretaña compraba ¡30 millones! de mascarillas; Egipto ordenaba sacrificar a todos los cerdos del país; Argentina, Perú, Ecuador, Cuba, suspendían los vuelos provenientes de México; ciudadanos del Distrito Federal eran agredidos a pedradas cuando viajan a otras partes de la República.
En un plano más personal, me encontraba respondiendo a decenas de correos y llamadas que se solidarizaban con "la tragedia" (?). Únicamente dos personas me preguntan si la situación era "tan grave como dicen las noticias". Pues no, grave nunca fue. Seria sí, pero seria no es lo mismo que grave. Dependiendo del asunto de salud pública con el que se compare, llamar "grave" al brote de la nueva influenza parece poco menos que ridículo.
Algunos de los elementos que formaron parte de este cóctel de histeria están identificados: Un terrible sistema de "teléfono descompuesto" internacional; una oportunidad para los medios de explotar una nota de gran impacto; unas lamentables habilidades de comprensión de lectura y pensamiento crítico; un penoso nivel de educación en ciencia básica; una terrible crisis de confianza en las autoridades y los medios. Todo esto aderezado en el contexto de una crisis económica mundial.
El fin de semana pasado, las versiones electrónicas de los principales diarios del mundo amanecieron tapizados por la misma nota: Un nuevo virus de influenza había causado "decenas" de muertos y "miles" de infectados en México, y la alerta sanitaria mundial era inminente. Antes de una semana, comportamientos exagerados aparecían por doquier: Gran Bretaña compraba ¡30 millones! de mascarillas; Egipto ordenaba sacrificar a todos los cerdos del país; Argentina, Perú, Ecuador, Cuba, suspendían los vuelos provenientes de México; ciudadanos del Distrito Federal eran agredidos a pedradas cuando viajan a otras partes de la República.
En un plano más personal, me encontraba respondiendo a decenas de correos y llamadas que se solidarizaban con "la tragedia" (?). Únicamente dos personas me preguntan si la situación era "tan grave como dicen las noticias". Pues no, grave nunca fue. Seria sí, pero seria no es lo mismo que grave. Dependiendo del asunto de salud pública con el que se compare, llamar "grave" al brote de la nueva influenza parece poco menos que ridículo.
Algunos de los elementos que formaron parte de este cóctel de histeria están identificados: Un terrible sistema de "teléfono descompuesto" internacional; una oportunidad para los medios de explotar una nota de gran impacto; unas lamentables habilidades de comprensión de lectura y pensamiento crítico; un penoso nivel de educación en ciencia básica; una terrible crisis de confianza en las autoridades y los medios. Todo esto aderezado en el contexto de una crisis económica mundial.
- El teléfono descompuesto. ¿Debió el gobierno mexicano cerrar las escuelas al día siguiente de la identificación del virus? Sí, pareció una medida adecuada y prudente. ¿Debió compartir con el mundo sus cifras alegres de muertos e infectados, sin estar seguro de esos números? Conociendo nuestros sistemas de acopio de información y la infraestructura de nuestro sistema de salud pública, supongo que el gobierno mexicano no hizo demasiado énfasis en que sus cifras no eran definitivas, ni mucho menos confiables. Sin embargo, con pasmo absoluto, veíamos cómo los medios internacionales daban como un hecho la "letalidad" del virus, basados en esas cifras. De ahí a la distorsión de boca en boca llegamos al punto de tener hospitales donde se iban acumulando cientos de cadáveres.
- Un titular impactante. Me pregunto qué hubiese pasado si, en vez de ser la nota principal, la primera noticia sobre el brote hubiese estado en una columna lateral, con letra más pequeña. Y que nunca hubiese pasado de ahí. Si desde el primer momento hubiesen utilizado el adverbio presuntamente antes de las palabras muertos e infectados. Recuerdo particularmente cuando los titulares clamaban: "Asciende a 103 el número de muertos por gripe porcina en México"; y con letras más pequeñas abajo: "Sólo 22 casos han sido confirmados". ¿Tan necesitados estarán los diarios de subir sus ventas?
- Comprensión de lectura y pensamiento crítico. ¿Quién le dijo a la gente que "cerrar las escuelas" significaba que los niños estaban en peligro mortal? ¿Que subir los niveles de alerta de la Organización Mundial de la Salud significaba que la situación estaba "empeorando"? ¿Por qué se preguntaba con insistencia la causa de los muertos en México sin detenerse a reflexionar sobre los factores culturales y estructurales de un país en vías de desarrollo? ¿Cómo podrían creer que la Ciudad de México estaba "aislada y desolada" a causa del cierre de escuelas y restaurantes? Al menos no en mi colonia. La gente estaba encabronada, sí. Éramos una ciudad de gente encabronada, aburrida y con mascarillas.
- Nuestro nivel en ciencias. ¿Quién concluyó que "un nuevo virus de influenza" significaba una muerte rápida y segura para la mayor parte de la población del planeta? ¿Que no contar con una vacuna era una verdadera tragedia? ¿Que cerrando aeropuertos podíamos evitar la propagación del virus? ¿Que comiendo carne de cerdo podíamos pescar una gripe(!)? ¿Que las mascarillas eran necesarias porque el virus "estaba en el aire"(!)?
- La desconfianza. Casi al mismo tiempo que se extendía la histeria se echaron a andar ¡cómo no! las teorías conspiratorias. Que todo era un invento del gobierno. Que era una estrategia de los villanos del mundo (banqueros y farmacéuticos, esos cerdos capitalistas) para olvidarnos de la crisis financiera y tenernos blanditos y sumisos. Que intentaron asesinar a Obama en su reciente visita a México (le hubiesen dado de comer esos tacos de canasta que venden afuera del Chopo, o cualquier consomé del metro Hidalgo). Que el virus fue inventado en un laboratorio (gringo, claro que sí) para ser usado como arma biológica.
Después de todo, creo que siempre deberíamos tener esas mascarillas a la mano, para cubrirnos el rostro en caso de protagonizar otros episodios de vergüenza mayúscula.
Etiquetas: Zoociales
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